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Estadísticas
Cuadro histórico
     empleo/desempleo
     1998-2006

Empleo y desempleo 2007
Desempleo por región
     y sexo

Empleo femenino por rama
     de actividad ecónomica

Tasa de Ocupación
     Trim. Abril-Junio 2007

Tasa de Pariticipación
      Laboral por Sexo
      y Región 2006-2007

Ocupación por Sexo y
      Categoría Ocupacional

Evolución de las jefaturas
     femeninas en los hogares
     chilenos 1990 - 2006

Estadísticas mercado
     laboral y género OIT

Temas de Interés
Cifras de Empleo MARZO - MAYO 2008
Cifras de Empleo FEBRERO - ABRIL 2008
Balance de la situación
     laboral de las mujeres
     (1997 - 2006)

Trabajo y Previsión Social
     en las Mujeres Dueñas de
     Casa

Situación de la Mujer en
     el Trabajo

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Observatorio Laboral Nº23


Agenda Laboral Nº32


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Situación de la Mujer en el Trabajo

La tasa de participación laboral de las mujeres experimenta un fuerte incremento durante la década de los años noventa: desde un 30,6% en 1992 a un 35,6% en el año 2004, lo cual implica un aumento de 5 puntos porcentuales. En el conjunto de los ocupados hay cada vez más mujeres y en el de los que buscan trabajo también (Fuente: INE. Encuesta Nacional de Empleo) La tasa de participación femenina aumenta en todos los grupos de edad. Sin embargo, los grupos que registran los mayores aumentos corresponden a las mujeres entre 25 a 34 años y entre 45 a 54 años. A pesar de lo anterior, las mujeres chilenas se encuentran aún por debajo de la tasa de participación femenina en América Latina, que bordea el 45%.

Si bien, el aumento de la participación económica de las mujeres se observa tanto en áreas rurales como urbanas, en el primer caso sigue siendo considerablemente menor (19,02% y 37,81%, respectivamente). Sin embargo, si miramos sólo las cifras de crecimiento, estas tuvieron mayor incidencia en los sectores rurales, ya que la tasa de participación era proporcionalmente menor aun que lo que es hoy día. Entre los hombres rurales jóvenes (15 a 24 años), es muy significativa la baja en la tasa de participación, alcanzando a casi 18 puntos porcentuales. En cambio, las mujeres de todas las edades incrementan su presencia en el mercado laboral, lo cual es consistente con las mayores oportunidades de empleo generado por la agroindustria.

Esta mayor presencia de las mujeres en el mercado laboral, se percibe tanto en sectores de la actividad económica tradicionales femeninos, como en rubros no tradicionales, tales como pesca, intermediación financiera, actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler, aumentando éste último en 4,26 puntos porcentuales. Sin embargo, estos sectores aún representan una proporción baja del total de mujeres ocupadas, así el aumento más significativo se registra en servicios comunitarios, sociales y personales (6,21 punto porcentuales)

Variación  de los  Ocupados por Rama de Actividad Económica

Rama de actividad económica

Hombre

Mujer

Total

Agricultura, ganadería, caza y silvicultura

-27

29

-23

Pesca

2

286

20

Explotación de minas y canteras

-28

-11

-28

Industrias manufactureras

-15

-17

-16

Suministro de electricidad, gas y agua

24

58

28

Construcción

31

78

32

Comercio al por mayor y al por menor

41

48

43

Hoteles y restaurantes

28

62

44

Transporte, almacenamiento y comunicaciones

25

93

32

Intermediación financiera

27

118

57

Actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler

149

178

158

Administración publica y defensa

-20

-10

-17

Enseñanza

42

50

47

Actividades de servicios sociales y de salud

36

44

41

Otras actividades comunitarias, sociales y personales de tipo servicio

40

336

159

Hogares privados con servicio domestico

-16

3

1

Organizaciones y órganos extraterritoriales

7

4

6

TOTAL

11

42

20


Fuente: CENSO 1998, 2002.

El crecimiento del empleo se caracteriza por una mayor salarización de la fuerza de trabajo: en 1992, un 69% de la fuerza de trabajo era asalariado, proporción que aumenta a 73% en 2002. Del total de empleos asalariados que se generaron en el decenio, las mujeres concentraron el 53%, aumentando la proporción de asalariadas en la fuerza de trabajo femenina total de 64% a 68%.

Composición de los ocupados por categoría ocupacional (En porcentaje)

 

2002

1992

 

Hombres

Mujeres

Total

Hombres

Mujeres

Total

Empleador, empresario o patrón

5

4

4

7

6

7

Trabajador por cuenta propia

18

12

16

19

10

16

Trabajador de servicio domestico

1

15

6

1

17

5

Trabajador asalariado

75

68

73

71

64

69

Familiar no remunerado

2

2

2

3

2

3

TOTAL

100

100

100

100

100

100

Fuente: Mujeres Chilenas: Tendencias en la última década. CENSOS 1992-2002. SERNAM-INE.

El aumento del empleo es el resultado de comportamientos muy diferentes por grupos ocupacionales, modificándose por lo tanto la estructura ocupacional del mercado de trabajo. La ocupación que más crece es la de técnicos y profesionales de nivel medio, aumentando su peso relativo en el total de ocupados de 5% a 13%. Las trabajadoras de este grupo crecieron a una tasa mayor que los hombres, llegando el 2002 a concentrar el 16% del total de los ocupados. Los agricultores y trabajadores calificados agropecuarios y pesqueros disminuyeron en el período en 52%, lo que significó que su participación en el total de ocupados bajara de 12% a 5%. El efecto en las mujeres fue menor, debido a que su presencia en este grupo es muy baja.

Variación porcentual de los ocupados por grupos ocupacionales. 1992-2002

Grupos de ocupación

Mujer

Hombre

Total

Miembros del Poder Ejecutivo, legislativo y personal directivo de la administración pública y empresas

49

5

17

Profesionales científicos e intelectuales

60

63

61

Técnicos y profesionales de nivel medio

224

203

212

Empleado/a de oficina

-17

-26

-22

Trabajadores/as de servicios y vendedores de comercio y mercado

37

23

30

Agricultores y trabajadores/as calificados agropecuarios y pesqueros

-36

-53

-52

Oficiales, operarios y artesanos de artes mecánicas y de otros oficios

-31

-19

-21

Operadores de instalaciones y máquinas y montadores

-5

15

13

Trabajadores/as no calificados

17

25

22

(Trabajadores/as no calificados más ignorados)

(158)

(173)

(167)

TOTAL

42

11

20


Fuente Mujeres Chilenas: Tendencias en la última década. CENSOS 1992-2002. SERNAM-INE.

Ha habido un aumento de las jefas de hogar económicamente activas (de 34,6% a 42,1%). Lo que indicaría que se ha avanzado en cuanto a las oportunidades de estas mujeres para incrementar su autonomía económica. Este proceso puede asociarse al mayor peso de las mujeres jóvenes (30 a 34 años) entre las jefas de hogar y al incremento de sus niveles de escolaridad que es algo mayor que en el caso de los hombres.

Jefatura de Hogar Femenina por años de estudios y condición de actividad

 

1992

2002

Escolaridad

6 y menos años

Entre 7 y 12 años

13 años y más

6 y menos años

entre 7 y 12 años

13 años y más

Económicamente activa

30,6

49,3

20,1

16,7

48,3

35,0

No económicamente activa

57,4

38,4

4,2

46,1

44,5

9,4


Fuente: CENSO 1992 – 2002

Jefatura de Hogar Masculina por años de estudios y condición de actividad

 

1992

2002

Escolaridad

6 y menos años

entre 7 y 12 años

13 años y más

6 y menos años

Entre 7 y 12 años

13 años y más

Económicamente activa

33,0

52,0

15,0

19,7

52,3

28,1

No económicamente activa

58,7

35,0

6,0

49,0

38,6

12,4


Fuente: CENSO 1992 – 2002


BRECHAS

El significativo aumento de la participación de la mujer en el mercado de trabajo en los últimos años sin duda ha significado un avance. Sin embargo, es importante analizar por qué a pesar de los esfuerzos que se han realizado no ha aumentado, por ejemplo, a los niveles de los países de la región el ingreso de las mujeres al mercado de trabajo; o bien cual es el tipo de empleo al que están accediendo mayoritariamente las mujeres, en que proporción se han reducido las brechas de salariales, etc.

  • Barreras de ingreso

Múltiples factores están presentes en las barreras de ingreso de las mujeres al mercado de trabajo. La división del trabajo entre hombres y mujeres, que asigna a las mujeres el espacio privado y a los hombres el espacio productivo (público), es el factor estructural que explica las menores oportunidades de las mujeres para acceder a recursos materiales y sociales.

Lo anterior queda de manifiesto en el trabajo doméstico el cual es culturalmente de responsabilidad de las mujeres. Ello implica no sólo los quehaceres de la casa como es la alimentación del grupo familiar, limpieza, lavado de ropa, etc., si no que además el cuidado y responsabilidad de los demás miembros de la familia, especialmente, de aquellos que se encuentran enfermos, que son dependientes o están incapacitados.

Esta responsabilidad doméstica de las mujeres, opera como restricción al momento de plantearse el ingreso al mercado laboral, ya que si no encuentra la solución de la ejecución de las múltiples tareas que demanda el trabajo doméstico es muy difícil que las mujeres cuenten con el tiempo necesario para asumir una jornada de trabajo, incluso las jornadas parciales.

Las diversas redes a las cuales las mujeres pueden acceder ya sean familiares, sociales, vecinales o institucionales, son la forma a través de las cuales las mujeres van encontrando la solución o el apoyo a sus obligaciones domésticas (casa y cuidado familiar) de modo de poder salir al mercado de trabajo. No analizaremos cada una de ellas, sólo una pequeña referencia para indicar que tales redes mientras menos institucionales sean (ej. la familia o los vecinos) son más frágiles, por lo que hacen a su vez más frágil el eventual ingreso de las mujeres a actividades laborales remuneradas. Por lo mismo las soluciones más estables están en el fortalecimiento y desarrollo de redes comunitarias o institucionales.

Las políticas públicas que tengan como objetivo aumentar el ingreso de las mujeres al mercado de trabajo deben, necesariamente, contemplar como uno de sus componentes enfrentar las barreras de ingreso recién señaladas. En términos muy generales, pueden abarcar dos aspectos: por una parte propugnar cambios culturales en el conjunto de la sociedad que implique que la responsabilidad doméstica y el conjunto de sus tareas, sea asumida conjuntamente por hombres y mujeres y, por otra parte, incentivar la creación de redes comunitarias o institucionales.

Ambas soluciones ya sea por separado o conjuntas son complejas de implementar. Las que van por las transformaciones culturales, son generalmente de largo plazo (ej. trabajarlo a nivel de la educación) y de baja eficacia. La constitución o reforzamiento de redes a nivel nacional son caras de implementar.

Sin embargo en los últimos años ha habido avances y se han hecho esfuerzos destacables en esta materia, que explican, en parte, el aumento de la fuerza de trabajo femenina.

Las diversas políticas públicas que se han implementado desde la creación del SERNAM orientadas a eliminar las situaciones de discriminación y exclusión que están presentes en nuestra sociedad, en sus múltiples ámbitos, muestran algunos avances en el plano cultural. Así los resultados del CENSO de 1992 mostraba que la participación de los hombres en el trabajo doméstico no remunerado era un promedio del 2% (los que declararon quehaceres del hogar como actividad principal), el CENSO del 2002 en cambio nos indica que esa cifra ha aumentado al 13%.

En materia de redes el aspecto que más se ha abordado es el del cuidado infantil.  Al respecto se pueden destacar el fortalecimiento de la educación preescolar, la que el año 2000 alcanza una cobertura del 32.5% a diferencia del año 1990 que sólo era del 20.9%.

Otras de las razones que actúa como desincentivo del ingreso de las mujeres al mercado de trabajo, es la baja calidad de los empleos a las que éstas pueden acceder. Ello no necesariamente esta relacionado con bajo nivel de calificación, educación o edad, si no más bien por la segmentación del mercado de trabajo (áreas del mercado feminizado). Lo anterior significa que para muchas mujeres, incluso con buenos niveles de escolaridad, el esfuerzo de resolver su carga de trabajo doméstico no es compensado con el tipo de trabajo que puede obtener.

El tercer elemento que esta presente en la escasa participación laboral de la mujer es el convencimiento en un sector importante de empleadores del mayor costo asociado que implica la contratación de mujeres en razón del ejercicio de la maternidad y del cuidado de lactantes e hijos. Al respecto, múltiples estudios han demostrado que los costos no salariales de las mujeres no excede del 0.2% respecto de los hombres (Encuesta de Remuneraciones y Costo de la mano de obra. Análisis por sexo. Documento de trabajo SERNAM nº75 2002). Se han hecho diversas actividades como seminarios y campañas para lograr cambiar el convencimiento erróneo que sobre los costos de contratación de mano de obra femenina existen. Desgraciadamente no se ha logrado con ello los resultados esperados. Sin embargo la experiencia comparada muestra que no existe otro camino para enfrentar este problema que la difusión masiva de la información a empleadores sobre el nulo costo extra que implica contratar mujeres por sobre hombres.

  • Brechas en el mercado de trabajo

Como se sabe la relación de las mujeres con el mercado de trabajo es compleja, no sólo por el bajo nivel de participación de éstas, si no que además por las marcadas brechas de género que se dan al interior de este mercado que implican una clara desventaja para las mujeres que participan en él. Estas se pueden resumir fundamentalmente en:

Brecha de ingresos: la diferencia salarial promedio entre hombres y mujeres que realizan igual trabajo es de 20% al año 2003. Ahora bien, si se analiza esa diferencia según quintil de ingreso podemos observar que la mayor diferencia se produce en el V quintil, es decir donde están los/las trabajadores/as con mayores ingresos y por lo mismo con más años de estudio.

Proporción relativa de ingreso por hora promedio de la ocupación principal de las mujeres respecto de los hombres, según quintil de ingreso autónomo per cápita del hogar. Encuesta CASEN años 1990 a 2003

Año

QUINTIL DE INGRESO AUTONOMO

TOTAL

I

II

III

IV

V

1990

87,0

78,5

80,2

79,1

53,9

76,2

1992

82,8

78,4

77,3

72,2

58,8

77,8

1994

97,3

83,4

75,4

75,7

59,7

81,0

1996

101,0

77,1

78,2

70,3

65,6

83,6

1998

100,2

83,3

83,9

81,6

61,9

81,8

2000

96,6

87,4

80,1

82,7

58,3

77,0

2003

107,1

97,7

80,8

79,2

66,2

81,8



Fuente: Mujer y Trabajo Compendio de Estadísticas según sexo. Departamento de Estudio Dirección del Trabajo. Noviembre 2005.

Brecha de segregación: las mujeres acceden mayoritariamente a determinadas áreas del mercado de trabajo, como es: servicio doméstico, enfermería, comercio, procesadoras de pescado o fruta, etc. Estos trabajos presentan algunas características comunes, en general son trabajos que tienen salarios bajos y son la prolongación del rol culturalmente asignado a las mujeres (cuidado infantil, atención de enfermos, servicios de alimentación, manualidades). Además, están bastante feminizado un área del mercado de trabajo muy precario, donde es habitual el empleo informal, el subempleo, el no pago de cotizaciones previsionales etc.

Brecha de desocupación: las mujeres permanecen desempleadas por períodos más prolongados que los hombres y las tasas de desempleo suelen ser mayores para éstas, siendo especialmente la condición socioeconómica un elemento que profundiza aun más la diferencia. Así, la tasa de desempleo para las mujeres del primer quintil era del 31.7 mientras que para las del quinto quintil era del 3.6% (Selamé, Teresita. Mujeres Brechas de Equidad y Mercado de Trabajo. OIT – PNUD 2004)

Subregistro: si bien no se ha conceptualizado como una brecha, es sin duda una de las inequidades de género que esta presente en el mercado de trabajo. Las mujeres pareciera que se “localizan” mucho más en los bordes de la ocupación, la desocupación y la inequidad. Ello se manifiesta en que un importante porcentaje de mujeres que declara no trabajar (en las encuentas de empleo), en los hechos si lo hace, lo que sucede es que su trabajo remunerado se encuentran en los márgenes del mercado de trabajo (por así denominarlo) y por lo mismo no tiene continuidad o es muy precario o es atípico y todo ello lleva a respuestas equivocas que implican subregistro de las mujeres que trabajan remuneradamente. Lo anterior queda demostrado a través de los filtros que se han colocan a las encuestas de empleo para calificar mejor a los ocupados y desocupados, éstos han permitido encontrar que la fuerza de trabajo femenina aumenta en un 14,1% (13,4 de ocupados y 20,5% de desocupados), en cambio la fuerza de trabajo masculina aumento sólo en 2,6%. Esta situación no sólo esta vinculado con los problemas metodológicos (de género) de las encuestas de empleo, si no que también a las características que tiene cierto tipo de trabajo asalariado femenino que ha permitido que algunos autores califiquen las trayectorias laborales de las mujeres como azarosas y discontinuas.

Brechas en seguridad social: todo el conjunto de brechas presentes en el mercado de trabajo tiene su correlato en el sistema de previsión regulado por el DL 3.500. Ello se expresa fundamentalmente en: 1º baja densidad de cotizaciones, las mujeres presentan una densidad mucho menor que la de los hombres que tiene que ver por que en ellas son más habituales las entradas y salidas del mercado de trabajo, la realización de trabajo precario donde no se paga las cotizaciones y los periodos de desempleo más largo. 2º monto de acumulación en la cuenta de ahorra individual es mucho más pequeño que el promedio de los hombres. Las mismas razones que explican la baja densidad explican la baja acumulación, pero a ello hay que agregar la brecha salarial. Tan marcada es la diferencia entre hombres y mujeres que un 61% de éstas no alcanzará a acceder a la pensión mínima garantizada contra un 43% de estos.

Las diversas brechas presentes en el mercado de trabajo no tienen más fundamento que las valoraciones culturales e ideológicas que existen sobre el trabajo remunerado de la mujer y sobre el rol social asignado a ésta. Por lo mismo,  enfrentar las desigualdades e inequidades de género del mercado de trabajo a través de las políticas públicas es muy complejo ya que deben orientar su accionar hacia el cambio de pautas culturales. Un claro ejemplo de ellos son los programas diseñados para empresarios para demostrar que la contratación de mujeres no es ineficiente ni por razones de costo ni por razones de rendimiento laboral o gran ausentismo. Esta área ha sido la más compleja de abordar. El SERNAM ha elaborado diagnósticos adecuados y ha realizado diseño de propuestas de políticas sectoriales para enfrentar brechas, pero no ha tenido éxito en traspasarlas hacía los sectores correspondientes. Un ejemplo de ello es el trabajo que se hizo en materia previsional, muy tempranamente se hicieron estudios y análisis sobre las inequidades de género del sistema de previsión de acumulación individual (D.L. 3.500) y el diagnostico fue acertado. Luego se trabajó propuestas concretas respecto de uno de los sectores más afectados que eran las temporeras. Incluso tuvo capacidad de articular un conjunto de propuestas desde las propias afectadas y de otros actores sociales y políticos. Sin embargo, con posterioridad no se trabajó ni estudio las diversas propuestas con los sectores del gobierno que correspondían.

 
   
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